A pesar de que enfatizaba la instrucción de nuestros Sabios de aceptar que todo cuanto “Di-s hace es para bien”, el Rebe se esforzaba en señalar que ello no significa que estemos obligados a justificar todo lo que Di-s hace. Es decir, aunque busquemos el lado bueno, no es de nuestra incumbencia explicar lo que no puede explicarse.
En un contexto religioso esto puede parecer contradictorio. Si todo lo que Di-s hace es para bien, ¿no es nuestro deber, cual leales súbditos, ser los “defensores” de Sus políticas y “equipo de relaciones públicas” para encontrar y explicar el significado detrás de cada desastre natural y no natural que ocurre?
La respuesta del Rebe es un no rotundo.
Tras la masacre de 1956 en (la aldea de) Kfar Jabad, el Rebe escribió una carta al laureado escritor israelí Eliezer Steinman. En la misiva (una parte de la cual citamos en el capítulo 14), se refiere a la historia del libro de Levítico1 que describe el fallecimiento prematuro de dos de los hijos de Aharón: Nadav y Avihu, por medio de “un fuego [que] emergió de Di-s y los consumió”.
Luego, Moisés consoló a su hermano Aharón, diciéndole: “Esto es lo que Di-s quiso decir cuando manifestó: ‘Seré santificado por aquellos que están más próximos a Mí’.” Aharón respondió con silencio. Según el Talmud2 , las enigmáticas palabras de Moisés pretendían transmitir la idea de que cuando Di-s impone un juicio severo a los justos, la gente Lo teme y Lo respeta, porque si ese es el destino de los justos, el castigo de los malvados será aún peor.
El Rebe explicó cómo interpretar esos versículos en relación a una tragedia contemporánea:
Algunos han querido explicar la horrible tragedia de Kfar Jabad como un ejemplo del citado versículo de Levítico: “Seré santificado a través de los que están más próximos a Mí...” Tal explicación, sin embargo, es inútil, porque también en dicha historia la justificación es críptica e incomprensible; y todo cuanto derivamos de ella es que la actitud Divina mencionada en el citado versículo es real, pero en nuestro caso, a lo sumo, lo que tenemos es una yuxtaposición de dos historias de tragedias incomprensibles, mas no una explicación de ellas. Por lo tanto, la situación exige, tal como lo expresa la continuación del versículo de referencia: “Y Aharón guardó silencio3 ”.4 (lo cual refiere guardar silencio ante lo incomprensible sin pretender justificarlo).
En un encuentro público en 1974, después de que un terrible accidente automovilístico cobrara la vida de cinco queridos residentes de Kfar Jabad, entre ellos el venerado rabino de la aldea, Shneur Zalman Garelik, de bendita memoria, el Rebe manifestó: “Mi suegro dijo una vez a alguien que procuraba dar sentido al Holocausto: “No es asunto nuestro excusar a Di-s”.
Dichas palabras, en apariencia irreverentes, fueron acompañadas de una categórica declaración de fe:
No es necesario ilustrar que tal declaración no contradice en absoluto la fe; al contrario, el mismísimo reclamo demuestra la convicción de que hay Alguien a Quien reclamar, que Alguien es responsable de lo que ocurre en nuestro mundo y que Él escucha y se preocupa.
Y para quienes se preguntan cómo es posible expresarse de esa manera (“no es asunto nuestro excusar a Di-s”), tal tipo de discurso tiene sus raíces en el Talmud:5
"Moisés vino y oró: ‘Dios grande, poderoso y temible6 . Jeremías vino y dijo: ‘¡Extraños están enfiestados en Su santuario!7 ¿Dónde está (la muestra de) Su (condición de) temible?” y [por ello en su oración] evitó mencionar “temible”. Daniel vino y dijo: ‘Extraños están esclavizando a Sus hijos [el pueblo judío, en referencia a los setenta años que se prolongó el exilio babilónico8 ]. ¿Dónde está Su poder?’ y [por ello] evitó mencionar ‘poderoso’. [Entonces] vinieron [los Hombres de la Gran Asamblea] y dijeron: ‘¡Al contrario! Ello (mismo) es Su magnífica demostración de fuerza (y poder), pues Él doblega Su voluntad de destruirlos (a los perversos) durante todo todos estos años que tienen a Su pueblo subyugado, mostrándose indulgente para con los malvados y evitar castigarlos a pesar de las numerosas opresiones contra Su pueblo (Israel). Y ésas son, en efecto, las mayores demostraciones de Su grandiosidad, pues si no fuera por el temor de los pueblos al Santo, Bendito es, ¿cómo podría un pueblo (solitario), el pueblo judío, sobrevivir entre las setenta naciones del mundo?”9 . Por consiguiente, los hombres de la Asamblea restauraron la mención de dichos Atributos en la plegaria”.
El Talmud cuestiona: “Ahora bien, los rabinos —es decir, Jeremías y Daniel, cada uno de los cuales omitió uno de los atributos declarados por Moisés en su oración— ¿cómo osaron obrar así, desarraigando una ordenanza instituida por Moisés?”
Y responde el Talmud: “Rabí Elazar dijo: ‘Porque sabían del Santo, Bendito es, que Él es veraz y desprecia la falsedad; por tanto no querían hablarle con falsedad’”. (Ellos entendían que dichos Atributos no se manifestaban entonces y por consiguiente no podían pronunciarlos en sus oraciones, ya que ello constituiría hablarle a Di-s con falsedad).
Y lo mismo es cierto en nuestro caso, cuando vemos un suceso que es totalmente incomprensible debemos expresar la verdad, que el asunto es totalmente incomprensible... ¡y por consiguiente clamamos!10
David Rivlin, quien fuera Cónsul General de Israel en Nueva York a principios de los años setenta, compartió una vez el contenido de un encuentro que tuvo con el Rebe diez años antes, junto con Moshé Sharett, segundo Primer Ministro de Israel.
“En un momento dado”, recordó el Sr. Rivlin, “el Rebe dijo algo que se grabó en mi memoria y me conmueve hasta el día de hoy. Habíamos estado hablando de la captura y el juicio de Eichmann cuando Moshé Sharett sacó el tema del Holocausto. El Rebe dijo que, después del Holocausto, hubo ciertos líderes religiosos que pidieron que su suegro, el sexto Rebe de Lubavitch, se uniera a ellos en una severa proclama contra quienes manifestaban dudas sobre Di-s a causa de la Shoá. El sexto Rebe se opuso con vehemencia “porque hay lugar, especialmente para el creyente absoluto, de expresar su falta de comprensión y está en su pleno derecho de desafiar a Di-s y cuestionarle: “¿¡Cómo pudiste haber hecho eso!?”11 .
Esta característica de clamar al enfrentar el sufrimiento humano y la negativa a aceptar o tratar de dar sentido al mal, es lo que distingue a los grandes líderes del judaísmo que se remontan a nuestro patriarca Abraham. En su desgarradora súplica para que Di-s salve la depravada ciudad de Sodoma, Abraham desafía a Di-s: “¿Es que el Juez de toda la tierra no hará justicia?12 ”
Más adelante en la historia judía, también Moisés elegiría seguir siendo consciente del sufrimiento humano y sentir dolor por el mismo en vez de hacer las paces con el proyecto definitivo de Di-s. Según una conmovedora interpretación, en la zarza ardiente Di-s se ofreció a explicar a Moisés el significado del sufrimiento humano —”lo que está arriba y lo que está abajo”13 — pero Moisés rechazó la oferta, como expone el versículo, “Moisés ocultó su rostro”14 . Moisés no tenía ningún deseo de entender por qué la gente sufre; no tenía ningún interés en la justificación del dolor. Por muy hiriente que resultara, quería conservar para siempre el aspecto de su humanidad que retrocede cuando otro ser humano sufre.
Durante una alocución especialmente emotiva que ofreció en Hoshaná Rabá del año 5744 (20 de septiembre de 1983), el Rebe llegó a insinuar que la razón, si es que puede llamarse razón, por la que la mente humana es incapaz de comprender el sufrimiento humano es para dejar a los seres humanos sin otra forma de procesar y racionalizar el dolor más que “clamar a Di-s sinceramente y desde lo más profundo de su corazón”, exigiendo que, de una vez por todas, Él acabe con todo el dolor y el sufrimiento dando lugar a la era del Mashiaj y la redención universal.
Después de citar un texto místico que pretende explicar el significado del estado de galut, exilio judío, que comenzó con la destrucción del Santo Templo y la dispersión del pueblo judío en la diáspora, el Rebe dijo:
Han pasado más de mil novecientos años de sufrimiento y aún no hemos sido redimidos... A pesar de todas las razones esgrimidas en favor de los beneficios del estado de exilio, los interrogantes permanecen intactos: Siendo que Di-s es Omnipotente y no tiene limitaciones, bien podría haber hallado alguna manera de evitar toda forma de severidad, ciertamente toda forma de aspereza o sufrimiento...
Y se nos pide que aceptemos por fe, aunque sea incomprensible, que un día comprenderemos y agradeceremos a Di-s por Su “severidad...”
..se nos dice que hay un misterio tan profundo que será revelado sólo cuando venga el Mashiaj, ¡y de hecho, hoy no hay respuestas!
¿Por qué es necesario todo este sufrimiento? La Presencia Divina sufre en el exilio... cada judío sufre en el exilio, y cada vez es peor... “Cada día, el sufrimiento es mayor que el día anterior...”
Evidentemente, la única explicación para tal ocultamiento es que Di-s pretende que el hombre clame con la más profunda sinceridad: “¡Te anhelamos (constantemente) todo el día!” Si uno fuera capaz de captar de alguna manera el “beneficio” del exilio, racionalizaría el dolor y no clamaría por la llegada de Mashiaj desde lo más profundo de su alma, en tanto una ínfima parte de su alma le asegure que el exilio es bueno...15
Ciertamente, este “clamar a Di-s con la más profunda sinceridad” es la forma en que el Rebe reaccionaba ante el sufrimiento.
Aunque la actitud general del Rebe era de optimismo, fe y alegría, y su entusiasmo era contagioso y estimulante, el 9 de Adar I de 5752 (13 de febrero de 1992), el Rebe expresó públicamente su angustia ante una tragedia local.
Una semana antes, una residente de Crown Heights, Pesha Leah Lapine, esposa y madre de cuatro niños pequeños, volvía de su compra rutinaria a su casa. Atacada por un hombre que pretendió violarla, intentó valientemente luchar contra él previo a morir apuñalada. Al día siguiente, miles de judíos jasídicos, encabezados por el Rebe, la acompañaron en su último trayecto hacia su lugar de reposo. Tras el paso del ataúd a su lado, el Rebe permaneció en la calle durante un tiempo considerable, mostrando en su rostro una expresión que reflejaba su gran pesar.
En la última noche de su shivá, el Rebe se dirigió a la multitud reunida en la sede de Jabad Lubavitch en Brooklyn. Los jasidim estaban aturdidos por sus palabras, que expresaban una emoción y una angustia tan intensas. El Rebe estaba temblando; incluso el atril en el que se hallaba temblaba. Lo siguiente es un extracto de la alocución del Rebe aquella noche:
Lo que ha ocurrido —un explícito acto de martirio— es totalmente incomprensible. No hay nadie a quien acudir en procura de una explicación. Todos los presentes, incluido yo mismo, estamos igualmente perplejos. Entonces, ¿qué ganamos cuestionando? El cuestionamiento quedará en pie...
Durante muchos años estos niños añorarán a su madre; si, Dios no lo quiera, se retrasa el cumplimiento de la profecía: “Los que yacen en el polvo se levantarán y cantarán”16 . Ellos les contarán a sus propios hijos su intenso anhelo por su madre; les dirán que ella tuvo el mérito de santificar el Nombre de Di-s...
¡Ya basta! ¿Es que no hemos tenido suficiente con todo el martirio que ya hemos experimentado hasta ahora!?
..pasa otro día, pasa otra semana, pasa otro momento... ¡y todavía no ha llegado Mashiaj! Decimos y pensamos y gritamos ‘¡Ad matai!’ (¿¡Hasta cuándo!?) ¿¡Cuánto tiempo debemos aún esperar en el exilio!? Y, sin embargo, ¿qué vemos que sucede?, un alma judía es arrebatada en santificación del Nombre de Di-s; una madre es separada de sus hijos.
Que no haya más necesidad de discutir estos asuntos, porque la Redención vendrá inmediatamente. “Los que yacen en el polvo se levantarán y cantarán”, y los que perecieron por kidush Hashem (en santificación del Nombre divino) tendrán el privilegio de resucitar primeros. Y entonces esta joven se re-encontrará con sus hijos y continuará educándolos con corazón alegre.
¡Que sea en un futuro inmediato, sin demora alguna!17
Ésa es sólo una de las numerosas alocuciones en las que el Rebe derramó toda su angustia por el sufrimiento humano y su frustración por el prolongado exilio.
No sólo jamás se sintió cómodo en el exilio, sino que una vez exclamó “¡No podemos permitir que Di-s descanse hasta que realmente traiga al Mashiaj!”18 .
La siguiente es la esencia del mensaje que el Rebe transmitió al Sr. y a la Sra. Tauger, cuyo hijo había perecido en el vuelo 103 de Pan American, que explotó en un ataque terrorista sobre Lockerbie, Escocia.
Cuando el afligido matrimonio visitó al Rebe para recibir “el dólar de los domingos”, fueron presentados por el secretario del Rebe como una pareja “cuyo hijo falleció en la catástrofe de Pan Am el año pasado... y que han venido a solicitar una bendición”.
El Rebe respondió primero concediéndoles la bendición que “de aquí en adelante sólo tengan felices noticias para ustedes y toda su familia” y luego, en respuesta a la pregunta formulada por la devastada madre, “¿Cómo podemos vivir con todo lo que ha sucedido?”, el Rebe dijo: “Después de la desgracia que en nuestra generación le ha ocurrido al pueblo judío en su conjunto (refiriéndose al Holocausto), no podemos comprender [el significado detrás de] las tragedias...” Las razones [de Di-s] no las conocemos... pero ya que hemos visto lo que ha sucedido... y [que] Di-s aún no ha respondido, lo único que debe hacer [usted es reforzar la exigencia (al Supremo) de que ya es hora que venga Mashiaj... Él debe responder a todos sus cuestionamientos...”19
Mientras entregaba a la pareja un dólar para ser donado a la caridad en Inglaterra, el Rebe concluyó bendiciéndolos: “Que se ahorren todo cuestionamiento futuro...” (que no sufran más desgracias y por consiguiente se ahorren los cuestionamientos que aquellas despiertan). El mensaje del Rebe a esta pareja, que su pérdida debería “reforzar la demanda de que ya es hora que venga el Mashiaj...”, fue característico de lo que él mismo hacía cuando se enfrentaba a la incomprensible lógica detrás de “las razones de Di-s para las tragedias”, que era canalizar y verter su profunda angustia y dolor en una sentida plegaria y la demanda a Di-s de que “ya es hora que venga el Mashiaj”.
Todas las actividades del Rebe fueron impulsadas por la esperanza y el anhelo de un mundo libre de dolor y maldad, el mundo de la Era Mesiánica.
De hecho, la semilla de esta esperanza y anhelo que todo lo consume se puede encontrar en la primera infancia del Rebe, cuando, creciendo en la Ucrania soviética, fue testigo de la dura persecución de sus hermanos.
En una carta dirigida al segundo presidente de Israel, Itzjak Ben-Zvi, el Rebe escribe:
Desde que era un niño que asistía al jeder (escuela judía), e incluso antes, comenzó a tomar forma en mi mente una visión de la futura redención: la redención de Israel de su último exilio, una redención que explicaría el sufrimiento, los decretos y las masacres del exilio20 .
En su carta al Sr. Ben-Zvi, el Rebe continúa citando el versículo de Isaías que profetiza que, en ese tiempo futuro, “Te agradeceré, Di-s, por haberme reprendido...” (Isaías 12:1). El Rebe explicó que, de niño, anhelaba el momento en que, habiendo recibido consuelo como sólo el Todopoderoso puede ofrecerlo, el pueblo judío pudiera mirar hacia atrás, hacia todas las dificultades y el dolor del largo exilio y dar gracias a D-os admitiendo que todo cuanto ha ocurrido ha sido para bien.
Y así, cuando nos enfrentamos al tremendo sufrimiento en este mundo, ya sea en una tragedia personal, comunitaria o global, la apasionada defensa del Rebe por un mundo mejor debería informar e inspirar nuestras vidas y los deseos de nuestro corazón. Porque en, palabras del Midrash sobre la Era Mesiánica:
Todos serán sanados. Los ciegos y los sordos, los mudos y los cojos, los que tengan alguna mácula o discapacidad serán curados de todas sus discapacidades... La muerte misma cesará, como expone el versículo: (Isaías 25:8), “La muerte será tragada para siempre, y Di-s enjugará las lágrimas de todo rostro”21 .
¡Que sea pronto en nuestros días!
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